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Libertad de expresión, redes sociales y delitos de odio.

Recientemente la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha confirmado la sentencia que condena a Aitor Cuervo por delito de enaltecimiento del terrorismo y menosprecio a sus víctimas, tras haber realizado una serie de tweets y publicaciones el Facebook que lanzaban mensajes como:

“Dos noticias, una buena y una mala: La buena, en La Carolina (Jaén) le han quemado el coche a un concejal pepero. La mala, el pepero no estaba dentro…”
“Si al final Aznar regresa de pleno a la política activa, espero que ETA lo haga también, para equilibrar la balanza”
“A mí no me da pena alguna Miguel Ángel Blanco me da pena la familia desahuciada por el banco”

La Sala II del Tribunal Supremo ha condenado al acusado de un año y medio de prisión e inhabilitación de 10 años por dichos delitos. El Tribunal Supremo ha analizado la jurisprudencia, en lo que se refiere al “discurso de odio”, del Tribunal Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, considerando que ese comportamiento no tiene amparo bajo derechos fundamentales como la libertad de expresión.
El recurso del acusado ha sido desestimado al no tener capacidad de desvirtuarlas a posteriori con las explicaciones dadas. Los receptores de sus publicaciones además no están presentes en dichas explicaciones sin esas modulaciones o disculpas adicionales.

Otros casos.

Sin duda alguna uno de los casos que desde hace meses ha estado más en la parrilla informativa de los medios ha sido el de Guillermo Zapata, concejal de Ahora Madrid, recientemente absuelto tras haber sido acusado por unos tweets en 2011. En este caso, las explicaciones y las repetidas peticiones de perdón por parte del acusado han hecho que la Audiencia Nacional contextualice dichas publicaciones en un debate sobre los límites del humor. El tweet en cuestión era el siguiente:

“Han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcasser para que no vaya Irene Villa a por repuestos”

Este tipo de casos, aunque menos mediáticos, son muy habituales, solamente en la última semana la Sala de lo Penal ha enjuiciado a cinco personas por la difusión de mensajes que alabasen el terrorismo.

Una línea a veces difusa.

El problema reside en cómo determinar cuándo se ha traspasado esa barrera que separa la libertad de expresión de estos delitos, ya que observando los tweets del primer caso y los del segundo realmente no hay diferencia aparente.
Lo que parece evidente es que enaltecer el asesinato y la muerte pintando en un muro real de alguna de nuestras calles o hacerlo en un muro ficticio como Facebook o Twitter es exactamente lo mismo, y a la velocidad a la que llega la información el público al que podemos acceder es potencialmente superior.

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